El pasado miércoles, con motivo de la celebración del Día de los Enamorados, hablábamos desde la Federación Española de Diabetes (FEDE) sobre cómo aprender a gestionar adecuadamente la diabetes, en el marco de las relaciones de pareja o familiares. En este sentido, y teniendo en cuenta que, en las relaciones entre personas, lo más complicado es la convivencia, los llamados “pacientes con diabetes tipo 3” (los familiares de los afectados) juegan un papel muy importante, a la vez que complicado, en la ayuda, la mejora y la adherencia al tratamiento. Para FEDE, las personas con diabetes tipo 3 son cruciales. Y es que, a pesar de no padecer la patología, se podría decir que la sienten en sus propias carnes, porque se preocupan día a día por el bienestar de su familiar y, además, se preocupan por aprender sobre la enfermedad para poder seguir ayudando. 

Este colectivo debe ser un apoyo en el día a día, pero también es necesario que encuentren un equilibrio entre ponerse en la piel de su familiar o pareja y tener en cuenta lo difícil que puede llegar a ser convivencia con la diabetes, sobre todo cuando, a pesar de hacer grandes esfuerzos, no den siempre el resultado esperado.

Precisamente por esto, por ejemplo, me preocupa: el excesivo control que algunos padres ejercen hacia sus hijos, puesto que puede perjudicar la salud mental del niño; el papel de las mujeres que, aunque son un apoyo fundamental, tienen una cantidad inmensa de responsabilidades y de trabajo, sin que la sociedad se lo ponga fácil; y me preocupa, por último, la falta de información que tienen muchos pacientes, lo que hace muy complicado acertar con el tratamiento.

Mi preocupación se reduce, en definitiva, a la rutina que vivimos las 24 horas del día al tener que sortear los retos que nos pone la diabetes, como los innumerables controles, las decisiones de qué y cuánto comer cada día o la dificultad de muchos pacientes a la hora de realizar ejercicio. Es, en cada uno de estos momentos, cuando debemos estar ahí, apoyando, aconsejando, entendiendo y ayudando a nuestros familiares, porque no hay mayor satisfacción que ver su sonrisa.

Andoni Lorenzo, presidente de la Federación Española de Diabetes (FEDE).